El triángulo de la excelencia

26/10/2009

En un artículo anterior hemos hablado de los activos tangibles y los intangibles. Dijimos que los activos tangibles son aquellos bienes materiales (ordenadores, escritorios, sillas) que inducen una mejora en la productividad de la empresa. También dijimos que aquellos bienes intangibles que repercuten sobre el capital humano de la empresa son muy superiores a la hora de proporcionar un valor añadido que se traduce en un aumento de valor añadido y de la productividad.

En el capital humano de las empresas existe un triángulo de oro que, cuando se encuentra equilibrado lanzará al equipo humano de esa empresa a unas cotas de efectividad muy importantes ya que aumentará el valor añadido del personal que trabaja en esa compañía muchos enteros. Una buena gestión de la política de recursos humanos será capaz de equilibrar los puntos que forman ese triángulo.

Ese triángulo de la excelencia pivota sobre tres puntos, que son el saber, el saber hacer y el querer. Este último punto, querer, es directamente proporcional a la motivación que recibe el trabajador. Hay que recordar que de un tiempo a esta parte los factores motivacionales, a la hora de aumentar el valor añadido y la productividad de una empresa, adquieren mucha mayor importancia que los factores de aptitud. Expliquemos un poco los tres puntos del triángulo.

Cuando hablamos de saber nos estamos refiriendo a los conocimientos académicos del trabajador y a su Currículum Vitae. Estos conocimientos se han adquirido en la etapa de formación y son los contenidos técnicos o teóricos que atesora el empleado. En la actualidad casi todos los trabajadores se encuentran en procesos de formación continua.

Cuando hablamos de saber hacer nos estamos refiriendo a aquellos conocimientos de índole práctico que pueden ser asimilados en el día a día laboral. Este saber práctico engloba el conocimiento de los procedimientos de cómo se hace el trabajo y está en estrecha relación con el talento humano.

Cuando hablamos de querer nos estamos refiriendo a la motivación que tiene el trabajador para realizar de una manera rigurosa su trabajo. Este concepto sería equivalente al buen hacer. Cada trabajador sabe cuáles son sus puntos fuertes y cuales sus carencias a la hora de desempeñar un puesto de trabajo específico. Esta actitud, el querer, es la que regula la buena aplicación de los contenidos teóricos y académicos que el trabajador ha ido adquiriendo en su devenir profesional.

Imagen: totalAldo

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