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Prestar atención a los empleados invisibles

Publicado en 12 marzo, 2015
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El término empleados invisibles, a priori, puede suponer connotaciones negativas. Son trabajadores que terminan pasando desapercibidos en la organización … porque están desmotivados al no reconocerse su trabajo.

Una mala gestión de los empleados invisibles puede llegar a desencadenar una crisis importante dentro de cualquier organización. Los responsables de Recursos Humanos – entre otro personal como los Directivos – han de hacer frente y resolver de manera exitosa la situación que genera tener en plantilla a empleados invisibles.

Recientemente hablábamos de la gestión del talento, donde la organización debe realizar un esfuerzo para promover el desarrollo profesional de sus empleados a través de medidas como la movilidad entre departamentos u ofreciéndoles formación. También, la organización debe lograr retener el talento mediante la motivación de sus empleados – para lo cual estaría bien que se interesara por la importancia de la psicología en los Recursos Humanos; y generando compromiso a través de la comunicación entre los empleados que le repercutirá más beneficios. Esto último lo han perdido los empleados invisibles. No es que no tengan talento, motivación y compromiso. Es que lo han perdido. Los empleados invisibles se han vuelto invisibles para la organización porque se sienten ignorados en su interior, disminuyendo en picado su motivación y manteniéndose en la sombra, limitándose a realizar únicamente el trabajo encomendado. Un empleado con estas características termina siendo un lastre, al no tener interés por sus tareas profesionales, disminuyendo su productividad y no proponiendo nuevas mejoras para el avance y desarrollo de la organización.

La situación de los empleados invisibles puede evitarse y, en caso de que se produzca, reinvertirse. Para ello será necesario determinar que se espera de cada empleado – incluido de los empleados invisibles -, reconocer los logros del personal de la empresa y, especialmente, celebrarlos. Realizar un curso de psicología empresarial orienta a los responsables de Recursos Humanos sobre la manera de actuar ante la presencia de empleados invisibles. Así lograrán que los empleados invisibles vuelvan a sentirse visibles, que sientan que forman parte de la organización, que se les reconoce su trabajo, dando como resultado el compromiso por su parte, que se traducirá en mayores éxitos y beneficios para la organización.

 

¿Cómo son los empleados invisibles?

Los trabajadores invisibles parecen beber de las enseñanzas de los filósofos griegos, quienes creían que para tener una vida enriquecedora debes enfrentarte a obstáculos, porque serán los que traigan recompensas. Contrariamente a lo que se pueda creer, los empleados invisibles son perfeccionistas en su trabajo y no buscan el reconocimiento constante en las tareas que realizan. Están más apasionados con el proceso de producción que con el producto final debido a la enorme curiosidad que les genera y el reto que supone para ellos realizar ese trabajo, por lo que suelen poner mucha atención a los detalles y disfrutan cuando se les confía una tarea de mayor responsabilidad, aunque no lo expresen a viva voz.

Por su manera de ser, estos empleados invisibles mantienen un perfil bajo frente a empleados que sí necesitan y buscan frecuentemente las felicitaciones por el trabajo realizado. Los empleados invisibles se encuentran más cómodos manteniendo un perfil bajo, lo que les permite realizar su trabajo de manera mucho más libre y creativa, incluso arriesgándose a innovar y a buscar los mejores caminos para llegar a la meta. En realidad, los empleados invisibles funcionan como líderes ocultos con un alto nivel de compromiso con la organización. Y ese perfeccionamiento en el desarrollo de sus actividades tanto a nivel individual como grupal hace que sus tareas puedan pasar desapercibidas pero en el fondo los empleados invisibles están aportando un gran valor añadido al producto final. El cuidado de los detalles que estos empleados invisibles ponen en todas y cada una de las tareas que realizan es determinante para que la organización funcione correctamente. Será cometido de las organizaciones lograr identificar a estos empleados invisibles y apoyarse en ellos, lo que les reportará más probabilidades de alcanzar mayores éxitos.

“Si promueves y apoyas a los empleados invisibles es más que probable que tu proyecto u organización tenga éxito” sostiene el especialista en la materia David Zweig. La motivación de los empleados invisibles se produce de manera intrínseca, buscando poner en marcha su creatividad y contando con la libertad para realizarla. Los empleados invisibles no encuentran la motivación en factores externos como el dinero o el reconocimiento constante. El resultado de su motivación es una satisfacción personal más profunda y duradera.

Sin embargo, en algunas organizaciones no se trata como es debido a los empleados invisibles. El empleado invisible se convertirá en aquel que aún llegando a su hora a trabajar, realizando sus tareas de forma eficaz y en el plazo establecido, aportando parte de su talento interno para mejorar la organización, consiguiendo logros y resultados importantes, etc no es percibido ni por sus compañeros ni sus superiores. Consecuentemente, no se le valorará su trabajo y sus méritos no serán reconocidos, haciendo que pierdan la motivación intrínseca y externa, y siendo menos productivo. La organización, como resultado, asumirá el lastre provocado por los empleados invisibles.

 

Diez síntomas de un empleado desmotivado

Un empleado no comprometido con la organización supone un coste estimado de miles de millones de dólares anuales en pérdida de productividad, errores, rotación, recapacitación y demás aspectos. A continuación destacamos los principales síntomas de un empleado desmotivado:

  1. Desconocimiento de los objetivos reales de la empresa a todos los niveles (generales, departamentales,…).
  2. Ejecución de tareas con un nivel de resultado inferior al que podría ser esperado, aunque no del todo malo y suficiente para salir del paso y no ser detectado.
  3. Limitación voluntaria de la capacidad de reacción e investigación a la hora de buscar soluciones ante problemas que puedan surgir en el trabajo diario. El empleado desmotivado no va más allá de lo estrictamente necesario y no se arriesga para no cometer errores. “Yo ahí no toco que no es lo mio”…
  4. Tendencia a evitar liderar proyectos o trabajos en grupo.
  5. Búsqueda activa de empleo en otras organizaciones, incluso en sectores diferentes.
  6. Laxitud con los horarios de entrada y salida, aunque cumpla de sobra las horas requeridas.
  7. Tendencia a la frustración, aunque participe en diferentes proyectos en distintos ámbitos y con diferentes equipos.
  8. “Transpiración” de negatividad al conjunto de la organización.
  9. El empleado desmotivado es protagonista habitual de comentarios y chascarrillos entre sus homólogos, justificados y también injustificados, convirtiéndose en un “factor común”.
  10. Reflejo en su organismo de la situación vivida: la cara es el espejo del alma.

 

En definitiva, si uno de los empleados de la organización cumple varios de los síntomas anteriores posiblemente esté desmotivado. Y posiblemente también sea un empleado invisible. Hemos visto que los empleados invisibles son perfeccionistas, apasionados de los procesos de producción, valoran la libertad a la hora de trabajar y se sienten cómodos en un segundo plano sin buscar el reconocimiento constante. ¿Los reconoces en tu organización?

 
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